TU PARROQUIA NO TE OLVIDA
El evangelio que acabamos de proclamar es como una respuesta a nuestras preguntas con motivo de la muerte de Julio. ¿Por qué la muerte? ¿Qué pasa después de la muerte?
Las hermanas de Lázaro estaban desoladas. Y ante esa desolación, Jesús también llora. Pero, al mismo tiempo, les habla de resurrección y de vida.
También nosotros estamos desolados y lloramos la muerte de Julio, pero nuestro desconsuelo no puede quedarse ante la tumba o ante las cenizas.
Jesús nos dice también hoy a nosotros: dejadlo marchar, está ya en las manos de Dios, en la plenitud de la vida. Ha resucitado.
Hace unos meses, con motivo de la muerte de Rosario, que pertenecía a nuestra comunidad, Julio hablaba con fuerza del paso a la vida de Dios, de ese Dios que es Padre y Madre, que es todo Amor, y que sabemos, en la fe, que nos espera como plenitud de Amor y de Vida. He vuelto a escuchar de nuevo aquella homilía y me parecía estar percibiendo su esperanza ante su propia muerte que, sin duda, presentía ya próxima.
Julio: aceptamos tu marcha a la casa del Padre, pero permanecerás siempre en la memoria de nuestra comunidad y en la de tu familia. Ya no vamos a ocuparnos de tu muerte, pero sí vamos a guardar la memoria de tu vida.
Tú, en primer lugar, fuiste un seguidor de Jesús con todas las consecuencias. Y así te percibimos nosotros.
No podemos olvidar tu presencia en la Parroquia, en la Asociación Vecinal, en el barrio en que vivimos, en el Instituto de Pastoral y en tantos otros ámbitos. Tu vida entre nosotros ha sido una vida de plenitud.
Tú eras teólogo en el Instituto de Pastoral, en nuestra parroquia y en nuestro barrio. Contigo podíamos estar seguros de lo que teníamos que hacer. ¿Te acuerdas de lo que yo te respondía cuando te quejabas de que dedicabas poco tiempo a la parroquia? Te lo digo ahora de nuevo. Lo importante no era la cantidad del tiempo que dedicabas a la parroquia, sino la calidad de tu dedicación.
Fuiste un teólogo, sobre todo, con los pobres y para los pobres.
Recordarás que siempre que había que hablar sobre la muerte de Jesús, acudíamos a ti, porque con precisión teológica, hacías comprender a la gente que lo que nos salva no es la muerte ni el sufrimiento sino el amor y la entrega a los demás.
Recordamos cómo acogías tiernamente a los mayores y a los enfermos, y como lo hacías con un cariño especial.
Tú ayudabas a la comprensión bíblica de la Escritura a un grupo numeroso de personas.
Tú participabas en las pequeñas comunidades de la Parroquia. Por cierto, tengo que decirte que tu pequeña comunidad se ha fortalecido.
En la Parroquia te reunías también con tu comunidad de Nuevas Palomeras, compuesta por gente muy querida por ti. Arropado por esta comunidad, recibiste la Unción de los Enfermos, cuando la enfermedad te había visitado ya.
Tú estabas siempre interesado en saber cómo funcionaba la acción social de la Parroquia. Me lo preguntabas muchas veces y me pedías orientación para ver a qué destinabas alguna no pequeña cantidad de dinero de que tú disponías.
Te preocupabas, como Jesús, por la vida de los demás. ¿Te acuerdas cuando decías a una persona: que no me entere yo de que no vas a la excursión de la Escuela de Personas Adultas por falta de dinero?
Tu presencia fue también importante en la Asociación Vecinal. Soy testigo de todo lo que aportaste, a pesar de tus ocupaciones como profesor del Instituto de Pastoral. Todos los miembros de la Asociación te recuerdan por todo lo que aportaste de rectitud, de sensatez, de sentido de la vida.
Y en el seno de esta Asociación colaboraste también muy activamente en la Escuela de Personas Adultas.
Durante más de treinta años has colaborado incansablemente en la Parroquia y en el barrio con todos nosotros. Y durante treinta años fuiste para mí el apoyo más firme que se puede desear.
Sentimos tu muerte, Julio. Nos has dejado un vacío inmenso. Vives para siempre con Dios. Pero la memoria de tu vida nos ayudará a seguir el camino en el que luchamos junto contigo. Queremos ser seguidores de Jesús, como tú lo fuiste. Gracias por haber compartido tu vida con nosotros.
